Estábamos tan cerca que podía sentir la temperatura de su aliento y el palpitar acelerado de su corazón. No podía creer que al fin estaba sucediendo, tanto tiempo de esperar, desear y fantasear con este momento.
Apoyé mi cabeza contra su hombro mientras cerraba los ojos aspirando profundo para guardar el recuerdo de su aroma en mi nariz. De repente sus finos y suaves labios se encontraron con los míos en un intenso beso. El corazón parecía salirse de mi pecho, la sangre corría a borbotones por mis venas y las pulsaciones aceleradas se convertían en pura pasión dentro de mi boca.
Apegada a su cuerpo me acercaba más y más mientras me dejaba poseer por sus manos que libraban batalla contra las ropas hasta lograr abrirse paso y quemarse con mi piel ardiente. Sus besos en el cuello y el tacto de esos dedos entre mis piernas me hacían estremecer y mi vulva se humedecía cada vez más empapándome las bragas. La humedad en mi sexo lo electrizaba y hurgaba en él cada vez con más esmero.
Sus labios pronto comenzaron a bajar hacia mis pechos y mordisqueando los pezones me decía entre gemidos lo mucho que deseaba poseer mi cuerpo. Instintivamente mis piernas se abrieron para darle lugar a su pelvis que se acercaba embistiéndome a golpeteos.
Ansiosa y por demás de caliente abrí la cremallera de su pantalón y saqué su falo erecto pasa sobarlo contra mi clítoris e inundar de jadeos la habitación. Los orgasmos se sucedieron uno tras otro haciéndome convulsionar y contorsionar entre sus brazos que me sujetaban con vigor.
Enloquecida de pasión me sumergí sobre sus piernas para mamar de principio a fin ese sexo que tanto placer me estaba dando. Arrodillada frente a él tome su verga y la recorrí desde la base hacia la punta, contorneando el borde de su glande con lengüetadas para luego engullirla por entero y apretarla con los labios mientras me movía frenética de adelante hacia atrás. Sus manos se aferraban a mi cabello y tiraban de él con furia para que la tragase más y más profundamente.
La ebullición que estallaba dentro vibraba sobre mi lengua hasta salir despedida a borbotones desbordando mis fauces y salpicándome los pechos para luego caer gota a gota desde los pezones erectos. Aun así no dejé de mamársela, no quería darle tregua y limpié todo rastro de semen con la lengua hasta conseguir ponerla nuevamente erecta y sobar con ella la ranura de mis tetas y así enloquecerlo totalmente.
Poseído por una fuerza descomunal me tomó de la cintura y presionándome contra la pared colocó mis piernas sobre sus caderas y me penetré a la primera embestida. Al momento que tuve su sexo dentro de mí una corriente eléctrica me atravesó de la cabeza hacia los pies poniendo de punta cada vello de mi cuerpo.
Mis uñas se aferraban a su carne desnuda y nuestros cuerpos resbalaban por el sudor que se colaba entre los dos. Mientras me penetraba como un animal en celo no dejaba de sobarme las tetas y clavaba su mandíbula sobre el pecho humedeciendo el cuello con su agitado aliento y yo sujetada con fuerza de su espalda me dejaba llevar, no podía ni quería dominar mis impulsos más oscuros.
Nuevamente una corriente eléctrica tensionó las fibras de mi cuerpo y las contracciones vaginales apresaron su verga en mi vientre para extraer nuevamente toda su esencia. Ambos acabamos juntos en un profundo y colosal orgasmo, el más intenso que jamás sentí en la vida.
En la cima de la sensación más sublime, en el punto más alto del clímax, absolutamente extasiada abrí los ojos y me di cuenta de que todo había sido un sueño.
Mordiendo mis labios con una mezcla de bronca y satisfacción, toqué mi vagina, la noté caliente, húmeda y tan sensible que al mínimo tacto volvía a palpitar… fue el sueño más real que tuve en toda mi vida y el que cada noche espero tener el placer de revivir.