- ¿Y tú qué quieres? Me indagó con tono directo pero picarón.
- Depende de lo que tengas para ofrecerme le contesté dejando la puerta abierta a una indirecta… bien directa.
- Todo lo que imaginas y mucho más… fue su avasallante respuesta que dio por terminado el cachondeo y cedió lugar a la experiencia más caliente de mi vida.
Esa conversación truncada por la abrupta aparición del jefe fue el primer paso de todo lo que vendría después.
Rápida y disimuladamente quedamos en vernos esa misma noche, en el pub de costumbre para proseguir con lo que habíamos empezado.
Durante todo el día mi cabeza estuvo a mil, y mi vagina ardiendo de deseo. Hacía tiempo que habíamos empezado el jueguito del gato y el ratón, un histeriqueo que me calentaba y con el que fantaseaba cada vez que me masturbaba.
Calzando mis bragas más sensuales y la ropa perfecta para matar de un infarto a cualquiera me encaminé hacia el bar donde me esperaban mis amigas, y por supuesto él. Luego de un par de copas y de contarles la historia a las chicas lo veo entrar. Al instante sentí mi coñito húmedo y las imágenes más audaces rodaron por mi mente.
No hubo mucho que decir, con un simple movimiento de ojos y una sonrisa lasciva dimos a entender lo que queríamos. Saludando en conjunto a mis amigas-que quedaron pasmadas ante el pedazo de hombre con el que me iba-, salí del bar aferrada a su brazo.
La calentura era tan grande que no pudimos esperar a llegar a su piso. Directamente en el coche comenzamos a besarnos mientras nos masturbábamos semi desnudos. Me estremecía al sentir sus dedos perdiéndose dentro de mi coño húmedo y dilatado, se me hacia agua la boca y mis manos buscaban insaciables la piel de su sexo para acariciarlo de arriba hacia abajo con suma coordinación.
No pude resistir, necesitaba probar el sabor de esa carne que tantas veces había imaginado y sin dudarlo bajé su cremallera abalanzándome de fauces sobre su verga hinchada y completamente erecta. Se la mamé desde punta a punta pasando la lengua alrededor del glande que parecía reventar mientras él jugaba metiendo sus dedos entre mis nalgas.
- Fóllame aquí y ahora. Me exigió con gimoteos entrecortados de placer.
Bajé por completo mis bragas y mientras él reclinaba el asiento del coche me senté a horcajadas sobre su sexo tomando con las manos el falo para dirigirlo justo allí donde lo necesitaba.
El auto se movía al compás de mi cabalgata, de arriba hacia abajo y de adelante hacia atrás, refregando mi coño contra su pubis hasta reventar de excitación. Yo gemía como una gata mientras el hundía su cabeza entre mis pechos, los que ya desnudos eran presa de su lengua ágil y suave.
Un escalofrío de éxtasis me recorrió todo el cuerpo tensándome hasta las fibras más profundas. Pude sentir como su verga hinchada explotaba dentro de mí, llenándome de su semen. Clavando mis uñas en su carne me aferraba a su cuerpo para contener las explosiones de placer que manaban de mi sexo y colmaban todo el cuerpo haciéndome convulsionar.
Nos quedamos abrazados por unos minutos besándonos hasta que la hoguera comenzó a arder nuevamente. Apresurados nos dirigimos hasta su edificio y sucumbimos en el habitáculo del ascensor. Deteniéndolo a mitad de camino y aprovechando que a esas horas nadie lo usaría ambos realizamos una de nuestras más cachondas fantasías…
Agazapada contra la pared y colocando una de mis piernas contra el barandal desgarró mis bragas totalmente mojadas y fundió sus labios con los míos insertando sus dedos de una forma más que deliciosa. Me aferraba a sus negros cabellos y lo impulsaba más hacia mi sexo con cada choque de placer.
Mi conciencia se desvanecía sintiendo esa lengua arremolinándose dentro de mí y sus dedos ágiles friccionando mi clítoris erecto e hinchado. Cuando sacó su verga no me pude resistir y le entregué mi sexo mientras el tomaba una de mis piernas para sostenerla en su cintura.
Su respiración acelerada, el calor de su aliento y la succión de sus labios sobre mi cuello me transportaban más allá de las vigorosas embestidas. Tomando su culo lo presionaba para que me penetre más y más profundamente hasta sentirlo estallar nuevamente, inundándome y satisfaciéndome.
Al terminar nos quedamos mirando y me dijo…
- Te dije que te daría todo lo que imaginas y mucho más, bueno este es solo el comienzo, ve preparándote para lo que se viene…
Y desesperados de deseo entramos a su departamento, pero lo que allí sucedió, es parte de otra historia.