Aún no nos conocíamos, nuestros contactos ser reducían a las conversaciones mediante el chat y alguna que otras video llamadas, las que no eran muy frecuentes porque siempre nos encontrábamos en horas laborales. Pero teníamos el absoluto conocimiento de nuestros seres gracias a las fotos… pasaba horas admirando sus facciones, su sonrisa y sus brillantes y profundos ojos negros en las imágenes que él me enviaba casi a diario.
Esa noche era el gran momento, al fin estaríamos frente a frente y podríamos develar el misterio; habíamos acordado aprovechar mi viaje a la capital para consumar el encuentro tanto tiempo postergado. De una vez por todas podría respirar su aliento, sentir su calor y saborear la miel de su boca.
La empresa me había alquilado un monoambiente a pocas cuadras del centro, un sitio pequeñito pero apacible, aunque en verdad poco interés le presté porque me encontraba más concernida en dilucidar que me pondría para la ansiada cita, quería estar hermosa. Dos horas antes del momento pactado comencé con la faena de encontrar el atuendo perfecto, luego me fui a dar un baño con aceites esenciales para perfumar mi piel y a la vez calmar los nervios.
Mientras estaba en medio de la auto relajación impuesta sonó el timbre. Yo no esperaba a nadie, ya que la poca gente que conocía del trabajo no había acordado en visitarme… ¿sería él?, no podía ser… Salí de la bañera, me sequé torpemente por la prisa y envolví mi cuerpo con la toalla.
Grande fue mi sorpresa cuando abrí la puerta y lo vi allí, parado frente a mí con un ramo de flores en las manos. Había decidido venir antes a recogerme por miedo a que el embotellamiento del atardecer no le permitiera llega a horario, pero yo sabía que la verdadera razón de su llegada anticipada era la misma ansiedad que a mí me había invadido el día entero.
Mientras lo hacía pasar y tomaba las flores con las manos temblorosas por los nervios, le dije toda sonrojada:
-No esperaba que me pillaras con esta facha, hubiera querido que me vieras arreglada y más bonita.
A lo que él me respondió sin dudar por un segundo:
-Lo siento, no fue mi intención incomodarte, pero no puedo negar que me encanta verte así, tan naturalmente hermosa.
Sus ojos brillaban con esa luz que tantas noches había imaginado… él era tal cual como yo lo había creado en mi mente. Mi corazón parecía querer escaparse por la boca y yo trataba de disimilar excusándome por ir a vestirme, pero no me podía alejar mucho por lo pequeño del departamento y por mis ganas irrefrenables de fundirme entre sus brazos.
Todo mi cuerpo tiritaba pero no de frío sino de la emoción que sentía, como si fuera realmente mi primera vez. De repente mis manos temblorosas se aflojaron y cedieron ante el impulso incontrolable de mi corazón dejando caer la toalla que me cubría. Así quede completamente desnuda frente a sus ojos, al alcance de sus manos y al roce de sus labios que no tardaron en mezclarse con mi piel.
Sentía su corazón repiqueteando, inhalaba su aroma a almizcle dulce y amaderado, su esencia de hombre. Lo abrazaba y mantenía unido a mi pecho mientras nos fundíamos en un profundo y caliente beso; él me tomó por las nalgas y de un salto me colgué a su cintura rodeándolo con mis piernas hasta acabar uno sobre el otro en el lecho que nos esperaba ansioso.
Respiraciones aceleradas, gemidos y sollozos de placer se colaban por nuestras gargantas. Desesperado quitaba una a una sus ropas para poder unir su cuerpo con el mío. Cuando al fin sentí el calor de su piel, el contacto con esa carne que tanto deseaba y había fantaseado, una poderosa sensación de éxtasis me invadió por completo haciéndome abrir las piernas para entregarle mi vagina húmeda, dilatada y caliente.
No podía creer lo que estaba sucediendo, el momento tantas noches soñado y tantas veces deseado estaba sucediendo, al fin tenía a ese hombre pegado a mí, lo podía abrazar, besar y por sobre todo… sentir. Me aferraba a sus cabellos mientras mis pechos sucumbían ante su lengua eléctrica y mis piernas vibraban al compás de sus embestidas.
Apretaba sus nalgas clavando mis uñas para acercarlo mucho más dentro de mi ser, el placer era incontenible e indescriptible. Latigazos eléctricos me recorrían de pies a cabeza obligándome a retorcerme sobre las sábanas húmedas; el surco plateado que dejaba su lengua entre mis pechos y en la base de mi cuello parecía arder porque toda mi piel era de fuego, él me había encendido como nunca antes otro hombre había podido.
Sentí con tal satisfacción cómo su miembro hinchado latía y expulsaba a borbotones el semen contenido que tres orgasmos casi simultáneos paralizaron mi respiración y mis latidos. Con la espalda arqueada, abrazados y con su frente apretada entre mis senos ambos exhalábamos el más dulce e intenso gemido de placer. Fue un momento sublime, imposible de describir con palabras que duró solo un instante pero que desde ese día nos acompaña para toda la vida.